En cuanto bajan las temperaturas, empiezan a aparecer los estornudos, el moqueo, la congestión… y la mayoría pensamos de inmediato: “ya he cogido un resfriado”. Sin embargo, no siempre es así. Aunque pueda parecer sorprendente, también existe la alergia invernal, y muchas personas la confunden con un simple catarro.
En este artículo te contamos por qué ocurre, cómo puedes distinguirla de un resfriado y qué medidas puedes tomar para sentirte mejor.
¿Qué es la alergia invernal?
La alergia invernal es una reacción del sistema inmunitario a sustancias presentes en el ambiente, especialmente en espacios interiores. En esta época del año pasamos más tiempo dentro de casa o en lugares cerrados, con poca ventilación y calefacción, lo que favorece la acumulación de ciertos alérgenos como:
- Ácaros del polvo
- Moho en zonas húmedas
- Caspa de mascotas
- Algunos productos de limpieza o ambientadores
Estas sustancias pueden desencadenar síntomas muy parecidos a los de una alergia primaveral, aunque con una causa diferente.
¿Alergia o resfriado?
Es fácil confundir la alergia con un resfriado porque comparten síntomas como estornudos, mucosidad o congestión nasal. Sin embargo, hay algunas diferencias que pueden ayudarte a reconocer si lo que tienes no es un virus, sino una reacción alérgica.
Los síntomas de la alergia invernal suelen aparecer de forma repentina, especialmente al entrar en contacto con el alérgeno (por ejemplo, al hacer la cama, limpiar o estar con tu mascota). Además, pueden durar semanas o incluso meses si la exposición es continua.
La mucosidad suele ser clara y acuosa, no cambia de color con los días, y el picor en nariz, garganta u ojos es muy característico. Otro detalle importante es que la alergia no suele provocar fiebre ni malestar general como sí ocurre con un catarro.
Por el contrario, el resfriado se desarrolla de forma más gradual, con síntomas que van cambiando y desapareciendo en menos de una semana. Puede acompañarse de malestar, cansancio, dolor de garganta y, en algunos casos, febrícula.
¿Por qué ocurre más en invierno?
Durante el invierno, el uso de calefacción y la menor ventilación de los espacios interiores crean el ambiente perfecto para que ciertos alérgenos se acumulen. Los ácaros del polvo, por ejemplo, proliferan en colchones, alfombras, cortinas y ropa de cama. El moho también crece con facilidad en zonas húmedas como baños o cocinas poco ventiladas.
Como pasamos muchas horas en casa, la exposición es más constante y prolongada, lo que puede hacer que los síntomas empeoren.
¿Qué puedes hacer para mejorar?
Aunque no hablaremos de tratamientos específicos, sí hay algunas medidas sencillas que pueden ayudarte a reducir la exposición a estos alérgenos y aliviar los síntomas:
- Ventila las habitaciones todos los días, al menos durante 10 minutos.
- Lava sábanas y fundas con frecuencia, a temperaturas altas.
- Utiliza fundas especiales antiácaros en colchones y almohadas.
- Evita objetos que acumulan polvo, como peluches, alfombras o cortinas gruesas.
- Controla los niveles de humedad en casa para evitar la aparición de moho.
- Limpia el polvo con un paño húmedo, no en seco.
Pequeños cambios en tu rutina diaria pueden marcar una gran diferencia.
¿Cuándo consultar con un profesional?
Si los síntomas se alargan más de lo habitual, si notas que se repiten siempre en los mismos lugares o si afectan a tu descanso o tu día a día, lo más recomendable es consultar con un profesional. Un buen diagnóstico es esencial para saber si se trata realmente de una alergia, un catarro o incluso algún otro tipo de afección respiratoria.
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