Efluvio telógeno: por qué se cae más el pelo en otoño

Efluvio telógeno: por qué se cae más el pelo en otoño

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Comprender la caída de pelo en otoño: más allá de la alarma inicial

Observar más cabellos de lo normal en el cepillo, en la ducha o sobre la almohada con la llegada del cambio de estación puede generar una preocupación considerable. Si bien perder entre 50 y 100 cabellos al día se considera un proceso fisiológico normal, durante ciertas épocas del año este número puede aumentar de forma notable. Este fenómeno, conocido como efluvio telógeno estacional, es la causa más común detrás de la caída de pelo en otoño. Lejos de ser un signo de un problema capilar grave, se trata de una fase de renovación natural y, en la mayoría de los casos, completamente reversible.

Entender su origen y su ciclo permite abordarlo con la estrategia adecuada, sin caer en la ansiedad. No se trata de una enfermedad, sino de una respuesta del cuerpo a diversos factores, principalmente relacionados con los ciclos de luz y los efectos acumulados del verano. La clave está en diferenciar esta caída temporal de otras condiciones que sí requieren atención médica y en adoptar una rutina de cuidados que fortalezca el cabello para la nueva fase de crecimiento.

¿Qué es exactamente el efluvio telógeno estacional?

Para comprender el efluvio telógeno, primero hay que conocer el ciclo de vida del cabello, que se desarrolla en tres fases principales. La fase anágena es la etapa de crecimiento activo, que puede durar varios años. Le sigue la fase catágena, una breve transición de unas pocas semanas en la que el folículo se contrae. Finalmente, la fase telógena es la etapa de reposo, que dura unos tres meses y culmina con la caída del cabello para dar paso a uno nuevo.

En condiciones normales, aproximadamente el 85-90% de nuestro cabello está en fase de crecimiento (anágena), mientras que solo un 10-15% se encuentra en fase de reposo y caída (telógena). El efluvio telógeno ocurre cuando un estímulo provoca que un número mayor de folículos de lo habitual entre en la fase telógena de forma sincronizada. Tres meses después, todos esos cabellos se caen a la vez, produciendo una pérdida de cabello difusa y llamativa.

El apellido «estacional» se debe a que este fenómeno se repite con frecuencia en primavera y, sobre todo, en otoño. No es una casualidad. Se cree que es una herencia evolutiva, similar a la muda de pelo en otros mamíferos, regulada por los cambios en las horas de luz solar. Organizaciones como la Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp) promueven el conocimiento de estos procesos fisiológicos para que las personas puedan gestionar su salud con información rigurosa, diferenciando una condición pasajera de un problema que requiere consulta.

¿Por qué el otoño es la estación con mayor caída capilar?

La sincronización de la caída en esta época del año no responde a una única causa, sino a una confluencia de factores que se alinean tras el final del verano. Los principales desencadenantes son el cambio en la exposición solar, el estrés acumulado y la vuelta a la rutina.

El principal factor parece ser la variación de la luz. Durante el verano, la mayor exposición solar puede estimular que más folículos permanezcan en la fase de crecimiento como mecanismo de protección del cuero cabelludo. Al llegar el otoño, con días más cortos y menos luz, el ciclo se reajusta y todos esos cabellos que alargaron su vida útil entran en la fase de reposo para caer unos meses después. Es un mecanismo de renovación natural.

A esto se suma el estrés oxidativo que el cabello ha soportado durante los meses estivales. La radiación ultravioleta, el cloro de las piscinas, la sal del mar y el calor alteran la estructura de la queratina, deshidratan la fibra capilar y la vuelven más frágil. Aunque el cabello que cae ya estaba «programado» para hacerlo desde el folículo, el que permanece puede tener un aspecto más dañado y quebradizo.

Finalmente, no se puede subestimar el factor psicológico. El final de las vacaciones y el regreso al trabajo o a las obligaciones diarias, a menudo denominado «síndrome postvacacional», supone un pico de estrés para muchas personas. El estrés es uno de los desencadenantes más documentados del efluvio telógeno agudo, ya que el cortisol, la hormona del estrés, puede alterar el ciclo capilar y precipitar la entrada en la fase de caída.

Diferenciar la caída estacional de otros problemas capilares

Aunque alarmante, la caída por efluvio telógeno tiene características que la distinguen de otras formas de alopecia más preocupantes. Identificarlas es el primer paso para actuar correctamente. La caída estacional es difusa, es decir, se pierde densidad de manera uniforme por toda la cabeza, sin que aparezcan calvas o zonas completamente despobladas. Además, es autolimitada en el tiempo; por lo general, no dura más de tres o cuatro meses. Una vez superada esta fase, el cabello vuelve a crecer con normalidad y la densidad se recupera por completo.

Por el contrario, la alopecia androgenética, la causa más común de calvicie en hombres y también frecuente en mujeres, es un proceso crónico y progresivo. La pérdida de cabello sigue un patrón definido (entradas, coronilla) y el pelo que nace es cada vez más fino y débil. La alopecia areata, de origen autoinmune, se manifiesta con la aparición de parches redondos sin pelo, a menudo de forma repentina.

Si la caída es muy intensa, se prolonga más allá de cuatro meses, se concentra en áreas específicas o va acompañada de picor, descamación o dolor en el cuero cabelludo, es momento de dejar de atribuirlo a la estación y buscar asesoramiento profesional.

Nutrición y suplementos: el apoyo desde el interior

Un cabello fuerte nace de un folículo sano, y la salud del folículo depende directamente de los nutrientes que recibe a través del torrente sanguíneo. Una dieta equilibrada es la primera línea de defensa. Durante el otoño, asegúrate de incluir alimentos ricos en:

  • Proteínas y aminoácidos: El cabello es principalmente queratina, una proteína. Incluir huevos, carnes magras, pescado, legumbres y frutos secos aporta los aminoácidos esenciales, como la L-cistina, para construir una fibra capilar resistente.
  • Hierro: Unos niveles bajos de ferritina (la reserva de hierro del cuerpo) son una causa muy común de efluvio telógeno. Lentejas, espinacas y carnes rojas son buenas fuentes.
  • Vitaminas del grupo B: La biotina (B7) es la más conocida, pero toda la familia B es importante para el metabolismo celular del folículo. Se encuentran en cereales integrales, verduras de hoja verde y levadura de cerveza.
  • Zinc y Selenio: Estos minerales son fundamentales para la síntesis de queratina y la protección celular. Las ostras, las semillas de calabaza y las nueces de Brasil son ricas en ellos.
  • Antioxidantes: Las vitaminas C y E, presentes en cítricos, pimientos, aguacate y aceite de oliva, ayudan a combatir el daño de los radicales libres acumulados durante el verano.

Cuando la dieta no es suficiente o existen necesidades aumentadas, los complementos alimenticios específicos para el cabello pueden ser un gran aliado. En Farmacia Guerra podemos ofrecerte un consejo personalizado para elegir la fórmula más adecuada a tus necesidades, asegurando que contenga los ingredientes activos en las dosis correctas. Un buen asesoramiento en nuestra farmacia de Verín puede marcar la diferencia en la efectividad del tratamiento.

Cuidados externos para fortalecer el cabello

Además de nutrir el cabello desde dentro, una rutina cosmética adecuada puede ayudar a mitigar la caída y, sobre todo, a mejorar la calidad del nuevo cabello que está por nacer. No se trata de detener un proceso natural, sino de crear el mejor entorno posible para la recuperación. Utiliza un champú suave y fortificante, libre de sulfatos agresivos, que limpie el cuero cabelludo sin resecarlo. No temas lavar el pelo con la frecuencia que necesites; el cabello que cae en el lavado iba a caerse de todos modos.

Aplica acondicionadores y mascarillas reparadoras de medios a puntas para mejorar la peinabilidad y evitar la rotura por tracción. Este es un buen momento para incorporar lociones o ampollas anticaída de aplicación tópica. Estos productos no frenan la caída telógena de forma inmediata, pero actúan sobre el folículo para acortar la fase de caída y estimular la entrada en la fase anágena, promoviendo un crecimiento más rápido y vigoroso del nuevo cabello.

Finalmente, reduce el uso de herramientas de calor como planchas y secadores a alta temperatura, y evita los peinados muy tirantes que ejercen una tensión mecánica sobre el folículo. Un suave masaje en el cuero cabelludo durante unos minutos al día puede ayudar a mejorar la microcirculación local, facilitando la llegada de nutrientes al bulbo piloso.

¿Cuándo debería preocuparme y consultar a un profesional?

La paciencia es un factor determinante, ya que el ciclo capilar tiene sus propios tiempos y los resultados de cualquier tratamiento no son inmediatos. Sin embargo, hay señales de alerta que indican que la caída podría no ser simplemente estacional. Deberías plantearte una consulta si la pérdida de cabello se extiende más allá de los cuatro meses, si notas una disminución real de la densidad capilar (el cuero cabelludo se clarea) o si la caída se localiza en zonas concretas.

En estos casos, un farmacéutico puede ser tu primer punto de contacto para evaluar la situación. En otros, puede ser necesario acudir a un dermatólogo para descartar problemas subyacentes como desequilibrios hormonales, déficits nutricionales severos o patologías del cuero cabelludo. Algunos tratamientos más específicos, como los que contienen Minoxidil, están regulados como medicamentos y su uso debe ser supervisado por un profesional, tal como establece la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios.

Adoptar una rutina de cuidado capilar constante y entender el ciclo natural de tu cabello son los pasos más efectivos para afrontar esta fase con tranquilidad y asegurar una melena sana el resto del año.

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